-"El siguiente por favor..."
-"Ah si, soy yo... o sea, ¿me estaría tocando a mí no es cierto?"
-"Así es caballero, póngase cómodo. Le voy a pedir si es tan amable que para evitar distracciones durante nuestra sesión de hoy deje los -peluchitos perrunos- sobre el escritorio. Luego cuando terminemos se los lleva".
-"¡No puedo doctor... no puedo. Ellos son -mis hijitos de cuatro patas- ¿entiende?".
-"No!. Y tampoco soy doctor sino Licenciado... porque después, me van a venir con eso de usurpación de título... y bueno, usted ya sabe como sigue toda esa historia."
-"Si...si... o sea.... digamos... entiendo, pero si usted no es doctor cómo voy a hacer terapia aquí..."
-"Tranquilo mi amigo. No soy doctor, ya le dije, soy Licenciado..."
-"¿Y en qué si puedo preguntar?"
-"Ciencias de la Comunicación, o si mejor lo prefiere porque a mí las grandilocuencias de los títulos me molesta, sencillamente Periodista.
Repentinamente su mueca gestual cambió por completo. Comenzaron a brillar sus ojos, se notaba por momentos una ligera parestesia del lado derecho a la vez que brotaba una sustancia amarillenta por la comisura de sus labios.
Mientras obviamente lo trataba de tranquilizar mi paciente tomó a sus perritos y con un gesto amoroso se los puso entre las piernas. Eran cinco. Comenzó a hablar de reencarnación, fuerzas del cielo, La Misa, una Jefa y un tal gordo Dan. Debo confesar que me sentí desorientado. En verdad no sabía si continuar con esta especie de conversación exaltada o recomendarle directamente Alplax y manguerazo de agua fría. Decidí por lo primero.
Lo que precede es un resumen de la primera sesión que obra en la historia clínica de mi paciente. Debe de saber mi estimado lector, que ya vamos por dieciocho meses de terapia y después de cuarenta y siete interconsultas con distintos profesionales de la salud psíquica, estaría en condiciones de poder brindar una primera aproximación en el diagnóstico.
Ete aquí:
Estaríamos en presencia de una personalidad con rasgos narcisistas marcados con autopercepción grandiosa (se considera el mejor economista del país y que además fue elegido para salvar a la Nación). Necesita que lo admiren especialmente en público y redes sociales y no tolera la crítica.
Tiene un estilo paranoide. Denuncia conspiraciones, “operaciones” mediáticas, traiciones políticas. Es “ellos contra nosotros”; “la casta vs. la gente de bien".
Además padece explosiones emocionales frecuentes. Grita, insulta y hasta pierde el control verbal. Además le podemos agregar un cierto componente obsesivo ya que cree en una verdad única e incuestionable y para completar el cuadro posee una fuerte simbiosis (casi un 50% tal sus propias manifestaciones públicas) con su hermana, a quien denomina "El Jefe", mostrando una fuerte dependencia emocional. Padece rasgos disociativos y pensamientos mágicos pues afirma que sus perros clonados lo guían a la vez de un profundo esoterismo y mística toda vez que habla de "la batalla del bien", "la misión" y "ser elegido".
Yo no voy a cometer la torpeza de nombrar a quién hago referencia. Se la explico clarito y al pie. Según informó la Oficina Anticorrupción (OI) "... Milei no tiene nada que ver en el caso $LIBRA ya que no es presidente cuando tuitea, sino que ejerce sus derechos civiles y políticos como cualquier ciudadano". (SIC)
O sea, digamos... Estamos a las puertas de perdonar al onanista ex presidente Fernandez pues siguiendo el mismo razonamiento todo el puterío que conocimos para con los miles de gatos que merodeaban tanto en Olivos como en Casa Rosada, corresponden a que Alberto no era Presidente mientras corría a los gatos por el techo (para utilizar una analogía elegante en reemplazo del verbo intransitivo "garchar").
Y como actualmente estamos bajo un régimen de libertad populista de ultraderecha (invito al lector que lea lo que es el verdadero Liberalismo) ponerle nombre y apellido a esta nota me puede llevar solito a atar una soga al cuello. ¿Miedo?... ¡No! ¿Autocensura?... ¡Menos! Cuidado diría yo en un modesto ataque de precaución.
Es imposible desacreditar méritos en la economía. Eso debe quedar en claro. Pero gobernar como un adolescente disruptivo nos habla muy bien de sus perros.