Hay cierto tufillo en el triángulo de hierro en suponer que -porque hay gran polvareda seguro el caballo lo volteó-. Cuidado porque no sea cosa que cuando se disipe la humareda polvorienta salga exultante del enredo el propio jinete a quienes todos creían revolcado, golpeado y ya casi al borde del abandono.
No hay peor cosa que suponer lo que uno cree que es desde su propia visión sesgada, envalentonarse en la creencia y sin mucho análisis “mandarse pal’ante”. Si lo estudiamos con detenimiento vamos a llegar a la triste pero real conclusión que eso es lo que generalmente nos pasó a todos los argentinos desde hace una punta de años. No vale la pena mensurarlos para evitar los supuestos ideológicos de determinadas fechas, pero piénselo tranquilo y va a ver que es tal cual se lo estoy contando.
Iniciamos un año eleccionario. Otra vez. Sí, otra vez vamos a tener que soportar a todos los que harán las patrañas de siempre. Hipócritas, traidores, fallutos, embusteros, mentirosos, corruptos, inmorales, cínicos, payasos, idiotas, delincuentes… Es lamentable pero cierto tener que referirnos a quienes se van a candidatear en algunos “puestitos” en estos términos, pero usted y yo sabemos que es tal cual. Es la realidad. Y algo mucho peor: los votamos. Siempre tendremos la excusa: “el mal menor…”. Así nos va.
Y apenas a dieciseis días del nuevo año ya hay quienes comenzaron a “caranchear”. El ex Intendente de Tres de Febrero Diego Valenzuela que hasta hace menos de un año en su red X escribía que quienes eran PRO “debían ser fieles a sus principios partidarios”, no solo se desafilió del PRO sino que se afilió a LLA. Y detrás del ex periodista e historiador seguirán unos cuantos más de los “amarillos” seducidos por infinidad de carpetas que en un complejo entramado de astucia, sagacidad, cierta cuota de ignorancia y absoluta permeabilidad ideológica están volando por todos los despachos inimaginables.
Mientras tanto Javier Milei, Presidente de la Nación a quién desde estas páginas siempre hemos apoyado en su ideología, parece deslumbrado por un círculo íntimo seducido por muchos “ex, ex, ex” a los que Milei juró perseguir y “exterminar”, tal sus dichos de campaña.
Llegó la hora de las preguntas:
¿Se hizo moneda nacional el dólar?
¿El banco Central sigue abierto?
¿Bajó o quitó las retenciones al campo?
¿Ya sacó el cepo?
¿Ya recuperó lo robado por los “K”?
¿Ya comenzaron a llegar las inversiones en Vaca Muerta?
¿Ya denunció a Sergio Massa como el principal responsable del más grande desastre económico?
¿Porqué la energía aumentó 600% en un año y no hubo a la fecha ninguna inversión?
¿Y Ficha Limpia?
¿Casualidad? Cero inversión en energía. EDENOR – Vila / Manzano – Canal América, los mismos pero sumemos a Sergio Massa. Ahora también sumemos a un grupo de periodistas ex La Nación+ que en un gesto de auténticos “mercenarios” han firmado el pacto de campaña para Milei 2025/27.
Y si quiere la sigo, porque nos OLVIDAMOS querido ciudadano. Siempre nos olvidamos.
¿Dieron de baja planes sociales ? Ni uno.
¿Privatizaron o entregaron Aerolíneas a empleados ? Nada.
¿Y las famosas denuncias contra los Massa y Tombolini?
¿No es que no hay plata? Antes de ayer Karina Milei estuvo en Mar del Plata con catorce custodios, 7 vehículos blindados y un conjunto de drones recién adquiridos que anticipan posibles “eventos disruptivos”.
El gobierno nombró como titular de la oficina encargada del manejo de custodias a ex presidentes , al principal custodio de Cristina Kirchner.
Y me detengo acá. A mí en lo personal me sorprendió la estrategia en la que terminó envuelto, creo yo sin quererlo, Javier Milei. Decimos muchas cosas explosivas, tiramos mucho todo junto, confundimos, mezclamos y en la confusión hacemos las cosas como mejor nos conviene, eso sí, sin olvidar a LA CASTA vieja y sin dejar de tener en cuenta a LA CASTA nueva, sino sería imposible.
Y esto me parece peligroso, porque insisto, creo en las capacidades económicas del “Javi”, pero para cintura política le estaría faltando bastante entrenamiento, detalle que han comprendido muchos de los que lo rodean, propios y ajenos. Es esto lo que en la intimidad alguna vez le susurrara Mauricio Macri al oído. No lo quiso escuchar.
Esperemos.
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